lunes, 20 de octubre de 2008

Glosas a un S.O.S ambiental

Al mejor estilo de la alta burocracia colombiana para la cual todo anda a las mil maravillas, sobre todo cuando quien informa es el ejecutor de la tarea - cero autocrítica -, tres de los más conspicuos exponentes del ecologismo nacional hicieron un análisis sobre la situación ambiental de nuestro país y lanzaron un S O S ante el “frenazo” que según ellos le ha dado el gobierno del presidente Uribe a tema tan importante para el futuro de la nación, como es el manejo del entorno. Las explicaciones dadas por dos ex ministros y un ex viceministro del Medio Ambiente aparecieron en Lecturas Dominicales de El Tiempo el 14 de diciembre de 2003 en reportaje concedido a Ricardo Santamaría.

Según estos expertos, en Colombia estamos muy avanzados en este campo; hasta punto tal que tenemos liderazgo de nivel mundial. Tenemos una Política Ambiental cuyo eje es el agua. Nuestra Constitución Política es una “constitución verde” que tiene más de 60 artículos ambientales. En fin, en 35 años hemos logrado construir un andamiaje político administrativo que es la admiración del mundo exterior. Todo empezó en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo con la creación del Inderena; siguió en el de Misael Pastrana Borrero con la expedición de un estupendo Código Ambiental y, por último, llegamos a la creación del Ministerio del Medio Ambiente y al Sistema Nacional Ambiental - cualquier cosa que esto sea -. Toda esta maravilla es el producto de sus ingentes esfuerzos y dedicación a la causa, y los de otros reconocidos expertos, por supuesto, durante una larga carrera de relevos. Y toda esta maravilla está a punto de perderse debido a las políticas equivocadas del gobierno actual. “Llegamos a este gobierno donde es claro que el Presidente no tiene interés en el tema ambiental”. Ellos echan de menos las sillas, ahora vacías, desde las cuales prestaron tan importantes servicios al país en numerosos foros internacionales.Aunque el ex ministro Mayr reconoce que “Toda la región andina, donde nacen las aguas, está en un proceso de erosión. Estamos perdiendo los suelos. Estamos perdiendo productividad…” debido a “un contexto de aumento de población…”; los expertos no dicen ni una sola palabra sobre el colosal fracaso que ha sido la gestión ambiental en los últimos 35 años y poco profundizan sobre el tremendo deterioro que ha sufrido nuestro territorio debido a un manejo totalmente equivocado y a la casi nula conservación a que ha estado sometido. Veamos algunos ejemplos:LA RIQUEZA PESQUERA CONTINENTAL CASI DESAPARECIDA:
Cuando la Corporación Autónoma Regional de los valles del Magdalena y del Sinú -CVM- manejaba las cuencas medias y bajas de los ríos Cauca y Magdalena la “subienda”, ese maravilloso fenómeno natural propio de esos sistemas, se aforaba en alrededor del medio millón de toneladas; hoy en día, cuando se capturan 30.000 es noticia de primera plana. El río Sinú, antaño, producía pesca suficiente para alimentar a toda la población de su valle y abundantes excedentes se exportaban a casi todos los departamentos del interior, hogaño el 80% del pescado que se consume en la región procede de otras latitudes. Hasta los primeros años 60s era frecuente encontrar bagres de 150 y 200 libras en las aguas de esos ríos; no hace muchos se ganó el premio nacional de pesca un ciudadano que capturó un bagre de 27 libras en el río Arauca. El desabastecimiento es de un grado tal que actualmente algunos almacenes de cadena venden en Bogotá bocachico importado procedente del río La Plata en Argentina. Bocachico… la humilde especie que por ser de las menos apetecidas y tal vez la más rústica fue la que más perduró al exterminio al que ha estado sometida la otrora inmensa riqueza íctica de nuestras aguas continentales. Quienes saben de nutrición comprenden lo que significa haber privado al pueblo colombiano de esta tradicional fuente alimenticia, sobre todo a los sectores menos favorecidos por la fortunaLA FAUNA TERRESTRE Y LA AVIFAUNA:
No han corrido suerte mejor; son frecuentes los informes de la prensa que equiparan el tamaño del comercio de animales y plantas exóticas con el narcotráfico y el comercio de armas. La lista de especies desaparecidas y en vía de extinción crece sin que se haga nada distinto para su protección a esporádicos decomisos y las denuncias en los medios. Acerca de nuestra biodiversidad tan alardeada no hemos pasado de eso, de hacer alarde de ella sin que a nadie se le ocurra investigar cómo aprovecharla. El poco ecoturismo que tenemos se debe más al interés que despiertan en el mundo exterior las particulares condiciones de nuestro entorno que a los planes y programas que se debieran poner en marcha para aprovecharlas.LA EROSION DE LOS SUELOS: El señor Mayr se limita a decir que los suelos de la región andina donde nacen las aguas están en proceso de erosión y que estamos perdiendo productividad … en un “contexto de aumento de población que tiene mayores demandas de recursos y tierras”. Pobre diagnóstico. La verdad es que la mayor parte de los suelos de los Andes colombianos y los de la Sierra Nevada de Santa Marta y los de la Serranía de la Macarena (gran Parque Nacional), presentan problemas de erosión desde mediana a severa y que su productividad se perdió hace mucho tiempo; de ahí la existencia de más de 500 municipios que son económicamente inviables, y en los cuales la miseria y el hambre son el denominador común; de ahí, también, la enorme carga de sedimentos en los principales ríos del país. Es de tal magnitud la sedimentación que llega a impedir la navegación de cauces tan grandes como el del río Magdalena y es así como hoy tenemos a un Ministro del Transporte, cual moderno Sísifo, dragándolo, tratando de devolverle su navegabilidad. Todo el sedimento que las dragas logren extraer, cualesquiera que sean la cantidad y el costo, el río lo repondrá en corto tiempo.

A la tremenda carga de sedimentos producidos por la erosión generalizada de los suelos en las laderas del Magdalena, vino a sumarse el obstáculo en que se constituyó la isla que se formó cerca de la desembocadura del río por causa de la construcción, en nada acertada, del puente Pumarejo. Para darse cuenta del fenómeno basta comparar aerofotografías del sitio antes de la construcción de la estructura con las de hoy en día. En donde antes no había sino agua, hoy existe una isla de varios kilómetros de longitud y de anchura variable pero considerable. Un verdadero obstáculo al libre flujo del agua que induce la sedimentación hasta un punto tal que llega a crear problemas en el Canal del Dique cuyo incremento sedimentario afecta la bahía de Cartagena y las Islas del Rosario.
No paran ahí los estragos causados por la construcción del puente; también el parque Isla de Salamanca y la Ciénaga Grande fueron sus víctimas. Al taponarse el caño Clarín – vía acuática de tal magnitud que era navegable por barcos de dos pisos en los cuales se hacía el viaje entre Barranquilla y Ciénaga cuando no existía la carretera entre ambas ciudades – cesó el flujo de agua dulce indispensable para mantener las condiciones de salinidad necesarias para la vida de las especies animales y vegetales de la ciénaga y la isla: los manglares del parque se murieron y en la ciénaga desaparecieron los bancos de ostras – ¿alguien se acuerda de las ostras de la Ciénaga Grande y de los notables beneficios que aportaban a las poblaciones de la misma? – y otras varias especies que no resistieron el súbito cambio en el pH de las aguasEl Inderena, apersonado del problema, no quiso atender las recomendaciones de hacer lo que era obvio, dragar el caño Clarín, y optó por emprender una serie de costosos estudios - costosos en tiempo y en dinero - con asistencia técnica extranjera, por supuesto; para llegar a los resultados por todos conocidos.
Es indudable que el problema de la erosión de los suelos se debe a las actividades humanas principalmente; pero también es cierto que la vocación de ellos, definida por sus características edafológicas y topográficas, además del clima, determina su erosionabilidad, y da la casualidad de que la mayor parte de los suelos de nuestras cordilleras no son de vocación agropecuaria. Tenemos, en consecuencia, una masa importante de población aposentada en regiones con suelos no aptos para las actividades que dicha población, por tradición, pretende conocer y de las cuales intenta derivar su bienestar que, a la larga, se convierte en un eterno empobrecimiento heredado de generación en generación. Esto lo saben nuestros dirigentes, incluidos los sacerdotes del ecologismo, y, por ello, entre otras razones, en varias oportunidades se han propuesto programas de reforma agraria buscando que la población mal ubicada se desplace hacia tierras aptas para fines agropecuarios que nuestro país posee en abundancia. El último intento se realizó a partir de 1962 mediante la Ley 135 de dicho año, lograda luego de un pacto político que fue convenido por todos los estamentos de la sociedad, incluidos los partidos políticos, los sindicatos, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, etc. Infortunadamente, todos los “conservaduristas” de este país se opusieron a tal propósito y terminaron derrotándolo: primero durante el gobierno de Misael Pastrana con el llamado pacto de Chicoral y luego en el de Alfonso López Michelsen quien hizo su campaña presidencial montado en la promesa de dividir el Incora quitándole el manejo de los distritos de riego a sabiendas de que la adecuación de tierras era la única herramienta que la Ley le otorgaba al gobierno para intervenir las más promisorias, la mayor parte de ellas en manos de grandes terratenientes. Entendido esto por los dueños de tierras y votos, especialmente los de la región de la costa norte, lo llevaron al poder.
Sustraída la adecuación de tierras del Incora, este quedó reducido a la tarea de adquirir las tierras que sus poseedores quisieran enajenar y a resolver conflictos de posesión, además de los planes de colonización para “extender la frontera agrícola”. La Gran Tarea, la de ubicar la población que tradicionalmente se aposentaba en suelos no apropiados para la agricultura, se suponía que debía cumplirla el Himat - Instituto Colombiano de Hidrología Meteorología y Adecuación de Tierras - que fue creado agregándole al SCMH - Servicio Colombiano de Meteorología e Hidrología- los distritos de riego que venía operando el Incora..
Este instituto fue creado con los fines de: a) llevar a cabo los estudios meteorológicos e hidrológicos del territorio y prestar los servicios conexos; b) estudiar los ríos del país y proyectar y construir las obras necesarias para regularlos y, c) hacer la adecuación de los once millones de hectáreas de suelos fértiles que posee Colombia. Solo cumplió parcialmente el punto a). En efecto, el plan de estaciones meteorológicas e hidrológicas diseñado conforme a los parámetros establecidos por la Organización Meteorológica Mundial -OMM- que comprendía la instalación de 12.000 puestos de observación (desde el elemental pluviómetro hasta el complejo observatorio climatológico) necesarios para cubrir todo el territorio nacional, nunca se terminó; de las 3780 estaciones que dejó operando el SCMH hoy en día funcionan apenas 2500, entre ellas un solo observatorio climatológico (el correspondiente a clima frío instalado en la granja Tibaitatá del ICA que funciona muy precariamente), los otros dos, el de clima medio y el de tierra caliente nunca fueron instalados y nadie entiende cómo el IDEAM pretende hacer estudios ambientales sin conseguir la información básica indispensable para ellos.
El cumplimiento del b) ni siquiera lo intentó y por ello hoy en día, 28 años después, nuestros ríos, con sus crecientes y sequías, siguen siendo un pasivo cada vez más oneroso que pesa gravemente sobre nuestra economía, contrario a lo que ocurre en los países que hacen las cosas bien en donde estos cursos rinden ingentes beneficios mediante su utilización para navegación, generación de energía, recreación y turismo. En cuanto al c) ocurrió lo más descabellado y contraproducente para el debido aprovechamiento del agro colombiano: el instituto se dedicó a construir micro distritos de riego – “Pequeña Irrigación” se la llamó entonces – en las laderas de la zona andina en suelos generalmente inadecuados para tal fin y con resultados desastrosos, como era de esperarse, entre ellos el hacer perenne el empobrecimiento de los presuntos beneficiarios y el aumento dramático de la erosión con sus nefastas consecuencias mencionadas atrás. Todo ello dentro del plan más retrógrado, populista y antieconómico que ha podido concebir gobierno alguno. Con el bonito nombre de Desarrollo Rural Integrado -DRI- se pusieron en marcha proyectos de crédito subsidiado, asistencia técnica gratuita, lo mismo que educación y salud y, por supuesto la “pequeña irrigación” en zonas rurales densamente pobladas y asentadas generalmente en suelos pobres. Todo ello con el fin último de evitar conflictos sociales y, de contera, minimizar las exigencias de la reforma social agraria que el país ha venido pidiendo a gritos desde hace mucho tiempo. Los resultados están a la vista. Cada vez mayor pobreza rural, mayor concentración urbana, una economía agraria menos competitiva, crecimiento de la violencia, mayor concentración de la propiedad en pocas manos y, en fin, el agravamiento de ese interminable rosario de males que aquejan a este pobre país.LA CONTAMINACION AMBIENTAL:
Mientras la calidad del aire ha mejorado sensiblemente en razón de las medidas adoptadas, la contaminación de los cuerpos de agua sigue siendo un problema de magnitudes inimaginables. Quien esto escribe y como director del SCMH, hace ya 30 años, le extendió “certificado de defunción” a los ríos Bogotá y Medellín y declaró “enfermos graves” al río Magdalena entre Girardot y Honda y al Cauca entre Cali y la Virginia. Hoy, después de tan largo período y no obstante los innumerables “estudios” (verdaderos ríos de tinta y babas) y de no pocos miles de millones de pesos dilapidados, la situación está peor, con excepción del río Medellín en el cual, en los últimos tiempos se han logrado algunos resultados. Para los otros cuerpos la situación es aún más grave y, peor aún, el mal se ha extendido a casi todos los sistemas hídricos del país poblado.
Aquí cabe preguntarse cómo es posible que con una “Política Ambiental cuyo eje es el agua”; con un estupendo Código Ambiental, con una Constitución con más de 60 artículos verdes y con todo ese andamiaje político administrativo (Ministerio del Medio Ambiente, innumerables Cars, Damas, etc.), hayamos dejado crecer este problema hasta límites increíbles. Esto solo se explica admitiendo una tremenda incapacidad por parte de quienes tuvieron el poder para ejercer la autoridad que la Ley les confirió y no lo hicieron. De esto hay una muestra bien curiosa: el presidente que sancionó la ley del Código de Recursos Naturales es el mismo que decidió dedicarse a la ecología “cuando termine mi mandato” – se lo dijo al suscrito – y es el mismo que expidió una resolución administrativa derogando la prohibición que regía de producir, importar, comercializar y utilizar en el país los alkilo-benceno-sulfonatos, la materia prima de los detergentes duros cuyos residuos son letales para la vida acuática (a la resolución le correspondió el No. 007 y los que nos preocupamos por el asunto la bautizamos “licencia para matar”); el acto administrativo de marras tenía como finalidad específica permitir a Ecopetrol la adquisición de una planta japonesa que se ofrecía en ese país como una ganga (claro, allá también estaban prohibidas tales sustancias) para ser instalada en Barrancabermeja y poder “satisfacer la demanda interna y hacer jugosas exportaciones a los países andinos” (quizás los geniales impulsores del proyecto ambicionaban convencer a sus gobiernos para levantar la prohibición que allá también regia, la prohibición era casi universal). Todo esfuerzo por parte de los opositores al engendro fracasó: la planta fue comprada, instalada y operada, su producción vendida en el mercado nacional, no se pudo exportar un solo kilogramo, y gran parte de la contaminación de nuestros ríos y la casi extinción de la vida acuática en ellos se debe a eso. El señor presidente cumplió su palabra; como ex, anduvo por estos mundos ejerciendo el apostolado del ecologismo y hasta recibió honores y condecoraciones.
Llama la atención el hecho de que a quienes correspondió en cada momento el manejo de semejante problema no se les hubiera ocurrido que es mucho más fácil y barato prevenir la contaminación de las aguas (como si lo hicieron para el caso del aire), que tratar de descontaminarlas; mucho más cuando se cuenta con los instrumentos legales para ello. Claro que el ejercicio del poder requiere valor civil y mucha ética social, especialmente cuando hay enormes intereses económicos y políticos de por medio. Estos funcionarios nos quedaron debiendo la solución que no fueron capaces de llevar a cabo y, además, las grandes cantidades de dinero que gastaron en un sinnúmero de estudios que para nada han servido..DISPOSICION DE DESECHOS:
Hablo de desechos porque para mí la basura como acá se la concibe, como materia inútil que de alguna manera debe destruirse porque estorba o hace daño, no existe, salvo cuando se trata de desechos o residuos tóxicos. Por lo menos el 95% de lo que usualmente se denomina basuras, y se maneja como tal, no es más que materia prima valiosa, por cierto, para múltiples usos. Los desechos orgánicos pueden procesarse para conseguir alimento para animales y, en último término, abonos, los inorgánicos se pueden reciclar para ser utilizados de nuevo en los fines que les son propios. Esto es lo que se hace en casi todo el primer mundo y en muy bajo porcentaje con los segundos, en Colombia. De verdad que la Industria Nacional y algunos empresarios del “rebusque” le han dado ejemplo al Estado en este campo.En lugar de procesar los desechos en la forma debida nuestros dirigentes ecologistas decidieron continuar con la absurda práctica de llevarlos a unos sitios en donde, ahí sí, se convierten en verdadera basura debido a su descomposición sin control alguno con la consiguiente producción de gases y lixiviados. Los primeros contaminan la atmósfera y los segundos eventualmente llegan a las capas freáticas con gran peligro para las fuentes de agua. La disposición de desechos en la forma en que aquí se practica dista mucho de ser económica, además de que en últimas lo que produce es más contaminación, los costos de recolección, transporte y ubicación final son elevados; seguramente un procesamiento apropiado generaría bienes que pagarían con creces las inversiones que fueran necesarias para construir las fábricas indispensables. A nuestros ejecutivos ni siquiera se les ocurrió implantar la separación de los desechos en la fuente, cosa bastante sencilla y primer paso en el camino hacia una adecuada disposición; ello no obstante contar con el magnífico Código de Recursos Naturales que tanto pregonan.LA DEFORESTACION:
Otro campo en el que tampoco han sido exitosos nuestros dirigentes ecologistas es el de la protección a la flora. Para todo mundo es evidente el papel trascendental que cumple la cobertura vegetal en el equilibrio de la Naturaleza como reguladora en la distribución del agua, de la temperatura, del intercambio de calor, como productora de oxigeno y como “habitat” de la fauna. Por ello todas las campañas ecológicas hacen énfasis en la necesidad de preservar dicha cobertura. Infortunadamente, en nuestro país su destrucción ha sido consuetudinaria y las medidas de control poco exitosas. El mal aprovechamiento y destrucción de los bosques son la constante. Nuestras autoridades ambientales no han tenido la decisión de aplicar las medidas policiacas que la legislación les permite y las medidas de orden administrativo y de fomento se han mostrado poco afortunadas. Nuestros técnicos no han podido entender que una cosa es cultivar árboles para producir madera y otros derivados de ellos y otra muy distinta preservar y fomentar la cobertura vegetal con miras a protección de suelos. Lo primero debe hacerse en terrenos apropiados desde el punto de vista topográfico, edafológico y estratégico; para lo segundo rara vez es necesario sembrar árboles, normalmente es suficiente proteger la cobertura vegetal o inducir su regeneración. Cabe mencionar aquí el despilfarro enorme de recursos financieros en que ha incurrido el Estado fomentando, con créditos subsidiados, proyectos de reforestación en sitios inapropiados; es frecuente encontrar en las áreas de páramo bosques achaparrados, especialmente de especies foráneas que no pudieron crecer normalmente por física deficiencia de oxígeno. Son numerosos, también, los casos de frustración de dueños de fincas que, incentivados por los técnicos al servicio del Gobierno se comprometieron con proyectos de esta índole para encontrar que al momento de ir a sacar la madera, aun en los casos en que la cosecha era abundante, la extracción de la misma costaba más de lo que pudiera lograrse con su venta; ello por haberse llevado a cabo el proyecto en zonas demasiado escarpadas o muy distantes de los centros de mercadeo.
De todos los bosques destruidos en los últimos 40 años en Colombia, la pérdida mayor, y bien grande por cierto, - causada por una negligencia casi criminal de quien era responsable de su conservación - fue la de los que había en la Serranía de San Lucas (las últimas estribaciones de la Cordillera Central al norte del paralelo 7º), algo más de 300.000 hectáreas de selva casi virgen con un potencial maderero fenomenal. Por los años 65 a 67 la antigua CVM, con asesoría de la FAO y con financiación del PNUD, hizo el inventario forestal detallado de la zona, el primero que a tal nivel y extensión se hacía en el país (y se quedó como el único), mediante el cual se encontró una enorme riqueza maderera cuyo aprovechamiento muy seguramente hubiera evitado la tragedia social y económica que padece la región del Magdalena Medio.Los estudios mostraban que la masa maderable de esa zona constituida por especies de gran valor comercial, la mayor parte maderas finas, podría explotarse en forma permanente, con ciclos de regeneración de 30 años, y con rendimientos bastante atractivos.
Entusiasmados con las posibilidades que mostraba el inventario la CVM y la FAO decidieron llevar a cabo el necesario estudio económico y para ello abrieron una licitación de nivel internacional que fue ganada por una de las firmas más reputadas del mundo, firma de nacionalidad finlandesa y en la cual tenía participación el gobierno de Finlandia.El estudio económico concluyó recomendando el establecimiento de una serie de plantas destinadas a producir toda suerte de bienes procedentes de la madera: celulosa, pulpa para papel, aglomerados, chapas, etc. El complejo industrial recomendado crearía algo así como 60.000 empleos y, después de abastecer el mercado nacional, permitiría exportaciones por us$600 millones al año (dólares de 1967) y ¡por tiempo indefinido!, como se dijo antes.
Por desgracia los estudios se terminaron cuando la CVM desaparecía para darle vida al INDERENA, organismo que no hizo absolutamente nada para promover semejante proyecto y se limitó a vender las copias de los estudios a quienes quisieron comprárselos; además a sus directivos no se les ocurrió que tan extraordinario tesoro merecía vigilancia especial.En 1977 la firma que había hecho los estudios económicos se apareció en Colombia con una propuesta para poner en marcha el proyecto por ellos recomendado con el argumento de que tal proyecto, que ya era bueno en 1967, para 1977 era 5 veces mejor debido a los precios astronómicos que habían alcanzado los derivados de la madera en todo el mundo en razón de la crisis del petróleo de 1973. Decían saber que para empezar el proyecto se necesitaba una inversión inicial de 200 millones de dólares: tenían concertados 210 con el apoyo de una firma canadiense también interesada en el propósito; sabían que la legislación colombiana exigía que esta clase de actividades fuera llevada a cabo por firmas con un mínimo de participación nacional del 51% y como presumían que era difícil conseguir inversionistas acá, debido a la falta de tradición en este campo, estaban dispuestos a financiar a personas que quisieran acompañarlos en la aventura. Todo esto se lo hicieron saber al señor gerente del INDERENA, solicitándole los recibiera para explicarle con más detalle la propuesta (las gestiones se hicieron a través del señor Erki Alanko, representante de la República de Finlandia en nuestro país). El señor gerente se negó a recibirlos con el argumento de que el instituto pensaba sacar a licitación internacional el proyecto de marras. No valió ante el señor gerente el hacerle ver que su instituto no estaba ni siquiera en capacidad de elaborar el pliego de condiciones y que esta clase de proyectos usualmente se convienen de gobierno a gobierno; el señor gerente se negó, incluso, a poner en conocimiento del Ministro de Agricultura la solicitud que se le hacía.
Como era de esperarse el señor gerente nunca sacó a licitación el proyecto; con el transcurrir del tiempo los bosques de la Serranía de San Lucas fueron invadidos y destruidos para cultivar yucas y pastos, el campamento de Micoahumado (así fue bautizado debido al consumo por parte del personal de un simio preparado en tal forma) que sirvió de base para el inventario forestal adquirió el “status” de corregimiento y todo el mundo sabe del drama de violencia y miseria que hoy en día padece esa región. Es indudable que si se hubiera llevado a cabo el proyecto referido la suerte de la región y la de sus pobladores sería hoy muy distinta; pero el señor gerente no quiso entender.MANEJO DE CUENCAS:
Una total desolación; ninguna cuenca hidrográfica de alguna importancia de nuestro territorio tiene planes de manejo: Empezando porque nuestros ecologistas tampoco han entendido, como ocurre en casi todo el mundo, que la ciencia del oikos – la casa, el habítat – incluye su organización para hacerla habitable y no se reduce a su simple contemplación y conservación; ellos se alinearon con el fundamentalismo ecológico para el cual los recursos naturales renovables (suelos, agua flora y fauna) no son bienes para el servicio de la humanidad que ella, por lo tanto, debe modificar para aprovecharlos y conservarlos mejor si no que, por el contrario, está obligada por la latría debida a la Naturaleza que ellos predican a conservarlos en su estado original; una verdadera política para comunidades de cazadores y recolectores pero no para las multitudes que habitan actualmente y, esperamos, en el futuro sobre la mayor parte del Planeta. De ahí que las únicas acciones recomendadas para el manejo de las hoyas hidrográficas se refieran a la conservación de la vegetación y a prácticas agropecuarias cuidadosas. Nada de obras civiles y mucho menos represas para almacenamiento de agua - verdaderas abominaciones para los fundamentalistas -, razón por la cual no es innecesario hacer estudios regionales; como el objetivo es mantener a Natura lo menos alterada posible, para qué nos molestamos en estudiarla; y mucho menos para qué adelantar esos engorrosos estudios hidrológicos y climáticos que tanto tiempo y esfuerzo requieren: Es mucho más cómodo y de más “caché” sentarnos a especular mediante ampulosos discursos con jerga incomprensible, siempre buscando la manera de achacarle las desgracias por fenómenos naturales al “riguroso clima que nos tocó”.
Infortunadamente, la realidad es muy distinta y simple: la única manera de conseguir y mantener el buen funcionamiento de una cuenca, grande o pequeña es combinando un apropiado manejo de la cobertura vegetal con el conjunto de obras civiles que estudios serios de ingeniería indiquen; con mucha frecuencia tales obras incluyen la construcción de almacenamientos mediante represas. Contrariamente a lo que sostienen los mentados personajes, las represas no son malas ni buenas per sé desde el punto de vista ecológico; son malas si se conciben y construyen mal y buenas en caso contrario. Es fácil adivinar, por ejemplo, el colosal beneficio que para la calidad del aire en nuestro país tendría el utilizar masivamente electricidad producida con fuerza hidráulica aprovechando el notable potencial que posee nuestro territorio; 145 millones de kilovatios, 100 con desarrollos de mediano y gran tamaño. ¡Cuántos no serían los beneficios por la exportación de excedentes!
Por supuesto que para concebir los planes de manejo es indispensable hacer estudios para conocer suficientemente las características de cada cuenca y ese conocimiento incluye con carácter primordial la hidrología y la climatología; Como estos conocimientos se basan en datos tomados a través del tiempo en períodos largos, son los primeros que deben procurarse. Por lo anterior, uno pensaría que los responsables del manejo de las cuencas tendrían como prioridad dichos estudios pero, ¡oh sorpresa!, en Colombia ninguna cuenca ni grande ni pequeña tiene estudios que permitan formular un plan de manejo; el único estudio de la cuenca del Magdalena que pueda llamarse tal, data de 1923.
En el pasado se hicieron algunos intentos: por allá en los 60s un científico colombiano de origen alemán, funcionario de la CVC, logró formular un buen plan de manejo para la cuenca del río Cali pero, desesperado al ver que todos sus esfuerzos se perdieron ante la incomprensión de las directivas de esa corporación, quienes prefirieron dar prioridad a intereses distintos al buen manejo de la cuenca aconsejado por él, decidió renunciar y abandonar el país. Hoy en día es un exitoso investigador y profesor de una importante universidad alemana. Hoy, después de 40 años la cuenca del río Cali está en situación peor desde el punto de vista de manejo.
Por las mismas calendas la CVM realizó el que tal vez es el único estudio completo que se haya hecho en el país para una cuenca de tamaño medio, la del río Sinú; el estudio lo realizó una firma de consultoría colombiana con asesoría de una de las firmas más prestigiosas del mundo; la financiación fue con fondos propios de la corporación y un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo –BID-; la orientación del proyecto y la interventoría de los estudios las realizó la misma CVM. El estudio se llevó a cabo bajo el concepto de propósito múltiple, el único que permite realizar económicamente grandes obras en cauces de alguna magnitud, y arrojó como resultado que construyendo una presa de 117 metros de altura, podría haber sido hasta de 120 pero por el momento no era necesario, en la angostura de Urrá se lograba lo siguiente:
Se creaba un embalse capaz de amortiguar las crecientes del río para una frecuencia de una vez en 100 años.
El agua almacenada permitiría el riego de las 350.000 hectáreas de suelos de primera calidad que tiene el valle a partir del pié de la presa.
El río se hacía navegable desde la presa hasta el mar.
Se creaba un marco bastante apropiado para la recreación y el turismo.
Se generarían 300.000 kilovatios de energía eléctrica y el lago creado por la represa hacia posible la explotación económica de los bosques que aún existían en la parte alta de la cuenca cuyas maderas, junto con la energía disponible daban vía a una sólida industria.
La suma de todos estos beneficios debidamente cuantificados y cada uno de ellos contribuyendo a la realización del proyecto en proporción a su valor, hacían de este una empresa sumamente rentable.Todo esto se malogró; el país perdió la oportunidad de poner en marcha un estupendo proyecto que habría traído prosperidad a uno de sus departamentos más pobres y habría incrementado el producto bruto interno nacional- PBI - en 6%.
¿QUÉ OCURRIÓ?:
Que el INDERENA, quien heredó los estudios de la CVM, no movió un dedo para promover el proyecto, limitándose a vender las copias del informe técnico a quien se las comprara a $200 cada ejemplar, y que, posteriormente, a unos politiqueros de la costa norte en busca de protagonismo y a la caza de votos se les ocurrió montar un proyecto distinto enfocado exclusivamente a la generación de energía aduciendo el peregrino argumento de que La Costa no tenía porqué depender de los “cachacos” para el suministro de energía cuando la región contaba con el enorme potencial del alto Sinú, el cual fijaron, por sí y ante si, en un millón doscientos mil kilovatios. Como tal cantidad no podía generarse con la presa de Urrá, aun cuando esta se dedicara a este exclusivo fin, se inventaron otra represa aguas arriba de la Angostura y, como para los cordoveses la palabra Urrá era sinónimo de redención económica, la bautizaron con el mismo nombre; aparecieron, entonces dos Urrás el 1 y el 2; el primero generaría 350.000 kilovatios y el segundo 850.000 Es claro que además de los votos y el consabido manipuleo de los contratos, lo que había detrás, de más fondo y contenido, era evitar el proceso de reforma social agraria al cual, de acuerdo con la ley 135 de 1961 habrían tenido que someterse las ricas tierras del valle del Sinú, en caso de haberse construido el proyecto multipropósito recomendado por los estudios de la CVM.La represa de Urrá 2 sería un monstruo sumamente costoso debido a lo inapropiado del sitio escogido que, además, conllevaba unos problemas de índole ecológica muy grandes, lo cual le granjeó tal oposición que ningún gobierno se atrevió a aprobar su construcción, pero, en subsidio en los años 90 se tomó la decisión “salomónica” de autorizar Urrá 1, una presa enana de 65 metros de altura apenas suficiente para almacenar el agua que los interesados necesitaban para conseguir el potencial energético que se habían propuesto. Construida la presa los resultados son:a) Un catastrófico aumento de la frecuencia de las inundaciones que pasó de una vez cada 10 años, con magnitudes leves a moderadas a la altura de Montería, a varias veces al año con magnitudes que llegan a ser graves a la misma altura.b) La condena de por vida al cultivo de secano de las tierras de uno de los valles más promisorios de Colombia: Su potencial agropecuario estaba catalogado en el puesto 15 entre todos los valles del mundo.c) La desaparición en forma casi total del recurso pesquero que fue tradicionalmente base de la alimentación y fuente de empleo del pueblo de Córdova. El departamento pasó de exportador a importador de pescado.d) La navegación por el río se limitó a las épocas de aguas altas.e) La casi desaparición de los bosques del alto Sinú y de los ríos Esmeralda y Manso con la consiguiente erosión de los suelos y sus dañinas secuelas. Aunque esto no se debe a la represa en sí, si es resultado de ella debido al pésimo manejo del proyecto y al ningún cuidado que se tuvo con los bosques durante su prospección y construcción.f) El freno a las posibilidades de hacer Reforma Social Agraria condenando así a la región a permanecer como una de las más pobres del país con una economía signada por la tenencia de la tierra en manos de grandes terratenientes.Para que no quedara duda de la osadía de quienes montaron este engendro al ente responsable de él lo denominaron “Empresa Multipropósito de Urrá” quizás con la idea de sorprender incautos haciendo creer que el proyecto lo era. Es claro que lo anterior no fue obra de nuestros ilustres quejosos pero sí fueron ellos quienes otorgaron las licencias “ambientales” por lo cual les cabe culpa enorme, junto a nuestros “sabios” de Planeación Nacional por avalar semejante despropósito.Y estos despropósitos ocurren precisamente porque en Colombia nuestros dirigentes no han entendido que las cuencas hidrográficas hay que estudiarlas como un todo, haciendo una evaluación de sus posibilidades de desarrollo para determinar el conjunto de obras y medidas de orden administrativo necesarias para lograr su más eficiente aprovechamiento y debida protección.Por ejemplo, en el momento se está hablando de construir por parte de las Empresas Públicas de Medellïn una gran represa sobre el río Cauca en el municipio de Ituango y eso está bien; está bien que esa entidad tan capaz y exitosa como ha demostrado serlo piense en aprovechar el notable potencial hidráulico de ese cauce, pero las EPM le prestarían un enorme servicio al futuro de los colombianos si antes de tomar decisiones sobre el tipo y tamaño de obras hicieran un estudio de la cuenca del Cauca para poder decidir cuál sería el conjunto de obras que bajo el concepto de propósito múltiple darían el aprovechamiento óptimo de los recursos de la hoya. Estoy seguro de que al hacer la evaluación aparecería la navegación como uno de los usos más promisorios, lo mismo el turismo y la recreación. Desde el propio punto de vista de las EPM, la generación de energía, es conveniente el estudio pues es muy probable que el máximo aprovechamiento hidroenergético se logre mediante varias presas escalonadas que no tendrían los graves problemas de orden sísmico que conllevaría una gran presa. Es indudable que regular todo el cauce del Cauca desde Salvajina hasta su desembocadura comunicando por agua todo el occidente del país con el océano Atlántico sería de una enorme importancia económica, mucho más hoy en día cuando se está pensando en mercados comunes y se mira el comportamiento de los precios del petróleo. Lo anterior no es una utopía: proyectos de esta naturaleza se han llevado a cabo en muchas partes del mundo: Quizás el más famoso sea el TVA - Tennessee Valley Authority-, sobre la cuenca del río de ese nombre y cuya ejecución inició la recuperación de la economía de Estados Unidos después de la crisis del año 30 del siglo pasado. La navegación a través de los continentes es tan vieja como Napoleón Bonaparte, quien al no poder vencer a la flota inglesa decidió empatar ríos para conseguir una vía acuática que le permitiera llevar sus ejércitos del Atlántico al Mediterráneo. En Europa se puede viajar por agua desde el Mar del Norte hasta el Mar Negro vía Rin –Danubio. En Estados Unidos desde los Grandes Lagos hasta el golfo de Méjico vía Missouri – Mississippi.

PARA FINALIZAR
Conviene resaltar la poca importancia que los conspicuos quejosos dieron a las actividades meteorológicas e hidrológicas, conocimientos que son indispensables para el buen funcionamiento de cualquier comunidad humana y para toda prospección de obras. Ellos recibieron un Servicio que en tan solo 8 años logró instalar y operar al 100% el 32% de la red final de estaciones recomendada para el territorio nacional; la red de estaciones de altura (radio sonda y radio viento) estaba completa. Recibieron: una estación rastreadora de satélites; unos talleres de metal mecánica con capacidad de fabricar toda clase de piezas para la instalación y operación de las redes de estaciones, inclusive capaces de fabricar embarcaciones de hasta 40 pies eslora (se alcanzaron a fabricar 2 unidades) y de reparar toda la gama de vehículos automotores terrestres y fluviales necesarios para la operación del sistema. Recibieron una imprenta con capacidad para imprimir todas las formas que el Servicio demandaba y las publicaciones periódicas y no periódicas producidas por el Instituto (la primera publicación no periódica fue el estudio del río Magdalena ejecutado por Julius Bergher Konsortium, firma alemana que lo llevó a cabo por allá en 1923 mediante contrato con el Gobierno Nacional, se publicó por considerar que, ciertamente, es el único estudio que merece llamarse tal de todos los que se han adelantado en nuestro río principal; para ello fue necesario reconstruir el único ejemplar que yacía en los anaqueles del Ministerio de Obras Públicas en estado lamentable por acción de ratones y polillas.). Recibieron un laboratorio para análisis físico y químico de aguas y sedimentos que tenía como misión mantener la supervisión continua de la calidad del agua en todos los ríos del país, y recibieron, por último un equipo humano extraordinario, capacitado mediante más de 350 cursos de diversa índole que alcanzaron a dictarse, equipo en el cual se logró sembrar una mística tan acendrada que hizo posible la realización de la fenomenal tarea realizada por el Instituto en sus primeros 8 años de vida; el equipo incluía 66 becarios - mujeres y hombres--que estaban preparándose en los mejores centros de estudio del mundo para venir a realizar en forma científica la ingente tarea de estudiar a fondo la meteorología e hidrología del territorio colombiano.¡Ah!, recibieron, además, un puesto en el Comité Ejecutivo de la Organización Meteorológica Mundial – OMM – conquistado y mantenido por el suscrito durante todo el tiempo en que ejerció como Director General del SCMH; puesto que fue de suma importancia para conseguir la generosa ayuda internacional que hizo posible poner en marcha programas tan importantes a los cuales el Departamento Administrativo de Planeación (?) Nacional (la interrogación vale porque yo dudo de que en Colombia haya o haya habido planeación) les negaba en forma por demás absurda los fondos necesarios para su ejecución.
Si quienes recibieron todo esto hubieran continuado la tarea con la misma eficiencia con que lo hizo el SCMH, Colombia tendría hoy un conocimiento de sus condiciones ambientales suficiente para desarrollar todas sus actividades económicas y sociales con eficiencia evitando, además, las enormes pérdidas en hacienda y vidas humanas que son “el pan de cada día”, cada vez que cambia el estado del tiempo.
Por desgracia a nuestros líderes ecologistas les pareció de poca importancia continuar con la tarea del SCMH y, con una negligencia imperdonable, lo llevaron casi a su extinción. De la formidable infraestructura logística que recibieron, queda poco; de las 3780 estaciones hidrometeorológicas que en 1976 funcionaban al 100% el IDEAM opera actualmente en forma precaria (por falta de presupuesto dicen sus directivos) 2500 cuando se debería disponer de 12.000; de los becarios que terminaron sus estudios en el exterior solo pocos fueron vinculados a pesar de que todos tenían contratos a 15 años, 5 de estudios y 10 de trabajo con el gobierno; y, lo peor de todo, se han perdido 28 años que habrían sido preciosos para lograr al fin la constante meteorológica de 30 que es el período necesario para que las series de datos tomados sin interrupciones puedan servir para hacer pronósticos a largo y mediano plazos, verdadero conocimiento del clima Es imposible cuantificar el daño causado por la negligencia de nuestros ilustres quejosos pero sí podemos decir que es enorme.Si la herencia del SCMH era grande, la de la CVM no lo era menos: El INDERENA recibió de ella, además de una organización administrativa y operativa estupenda manejada por personal altamente calificado entre el cual se contaba con un “ejército” de 68 hombres debidamente dotados entrenados y dirigidos – guardabosques e inspectores de pesca – que fueron capaces de controlar con eficacia las actividades de tal índole en todo el norte del país (a la fecha de la transición la pesca estaba en franca recuperación tanto en tamaño promedio de capturas como en la cantidad de las mismas y la destrucción de los bosques había disminuido notablemente, esto se puede afirmar porque nosotros sí medíamos los resultados de nuestra gestión); recibió, repito, una infraestructura logística notable: vehículos terrestres y fluviales, oficinas, cabañas para guardabosques en todas áreas de interés incluyendo la Serranía de la Macarena (por fuera de la jurisdicción de la CVM pero se habían construido y dotado mediante contrato con INCORA); dos Centros de Investigación: uno en Soplaviento (Bolívar) en donde se logró por primera vez en Colombia la reproducción masiva de una especie íctica (el bocachico) inducida mediante el proceso de “hipofización”, y otro en El Laguito (Cartagena) orientado a la investigación de especies marinas (el logro principal de este centro fue el proyecto de repoblación de cuerpos de agua con sábalos (tarpon atlánticus), el INDERENA recibió la laguna de Luruaco con más de 10.000 peces en avanzado estado de crecimiento) y los ríos con peces en abundancia debidamente clasificados (la clasificación la hicieron George Dahl y Federico Médem, científicos de reputación internacional, ambos empleados de la CVM, los estudios fueron publicados por esta); en el Chocó, sobre el río Truandó recibió el campamento de Teresita dotado de todos los servicios y comodidades que había sido construido por la comisión norteamericana ejecutora de los estudios del canal interoceánico Atrato Truandó. Muy poco de esto perduró en manos del nuevo instituto. Pero lo más importante que recibió INDERENA de la CVM fueron las notables realizaciones de esta en su corta vida de 6 años: los bosques de la Sierra nevada de Santa Marta en plena recuperación como producto de la vigilancia estricta; los bosques del Alto Sinú casi intactos por lo mismo; los bosques de la Serranía de San Lucas en igual estado y con inventario forestal y estudio económico como se habló atrás; los parques naturales de Santa Marta, Tayrona e Isla de Salamanca totalmente saneados sin colonos ni propietarios privados, el último en pleno funcionamiento como atractivo turístico; ensayos de cultivos forestales en Ayapel (Córdova) y El Llanito en Barrancabermeja de los cuales aun quedan vestigios; los ríos del territorio bajo su jurisdicción pletóricos de peces, y con su población creciendo; las obras de control en La Mojana sobre “La Boca del Cura” en el Bajo Cauca y las compuertas del caño Plato en el Magdalena y, por último, el único estudio completo que se ha hecho en Colombia de una cuenca hidrográfica, la del río Sinú que se malogró con el engendro de Urrá.CONCLUSIONES:
Es válido el S.O.S. que lanzan los personajes que motivaron estas glosas; de verdad que los colombianos nos estamos quedando sin territorio adecuado para el desarrollo deseable y sin recursos naturales; sin embargo, por lo visto, no fueron ellos los adalides de la defensa de ambos. En vez de vanagloriarse por la tarea que realizaron, deberían avergonzarse por la pobreza de ella y pedirle perdón a los colombianos por todo el daño que han causado no por acción pero sí por omisión.No es cierto que las actividades ecológicas hubieran empezado con la creación del INDERENA. Antes de ello existían políticas y actividades de esta índole quizás más serias y “aterrizadas”; al menos en el territorio bajo la jurisdicción de la CVM los resultados hablan por sí solos. El INDERENA lo creamos – yo fui coautor del Decreto-Ley que le dio vida jurídica y le inventé su lindo nombre- haciendo uso de las experiencias vividas en el manejo de tal corporación y a su imagen y semejanza. Inicialmente era un organismo descentralizado dedicado exclusivamente a la protección y fomento del debido manejo y utilización de los recursos naturales renovables: agua, suelo, flora y fauna; posteriormente le introdujeron el componente del “medio ambiente” y es muy probable que ahí fuera donde perdió su rumbo cumpliéndose la máxima que dice que quien mucho abarca poco aprieta.El desarrollo sostenible, definido como el mejoramiento constante de la calidad de vida dentro de los límites que el entorno permite sin poner en peligro su permanencia, verdadera síntesis del pensamiento ecológico, exige el conocimiento mejor posible de dicho entorno para poder formular los planes y acciones indispensables para su manejo, aprovechamiento y conservación. Como, de acuerdo con lo que se ha visto, no se dispone de tal conocimiento es urgente y de importancia vital que el gobierno formule una política ambiental coherente y emprenda las acciones necesarias para lograr tal propósito. Es también urgente empezar a aplicar con seriedad y decisión las medidas preventivas autorizadas por la Ley para frenar, de una vez por todas la devastación de la cobertura vegetal, la extinción de la fauna, la contaminación de las aguas y la desaforada erosión de los suelos.GRABRIEL ECHEVERRI OSSAPrimer gerente de HIMATBogotá, Septiembre /04

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